Nos hemos dejado guiar por la sugerente visión lejana de las montañas.
Hemos pensado, no en un objeto arquitectónico, sino en una secuencia de espacios cerrados a cielo abierto, con las montañas como telón de fondo.
La tierra modela el edificio. Una orografía artificial y una arquitectura casi invisible.
Una rampa de gran anchura, elemento protagonista del proyecto, ayuda a entender la transición enter espacio exterior e interior. La perspectiva del paisaje acompaña el descenso.
El edificio se descubre con el recorrido, una espiral que va generando diversos espacios que confluyen y se relacionan en una plaza interior, semiprotegidos del ambiente exterior, los cuales se abren puntualmente mirando al paisaje, y se encierran, otra vez, buscando el recogimiento, la tranquilidad, el silencio.
El tratamiento de la luz, ha sido una obsesión en el proyecto, centrando nuestra atención en conseguir una luz tamizada, amable , penumbrosa, en las zonas de trabajo, relación y circulación.
Los patios, salas exteriores del edificio, permiten el juego de secuencias espaciales matizados por la luz y la sombra.
Al final el espectador percibe la arquitectura como parte de su paisaje, un edificio mimético que se integra en el entorno urbano.